Mucho se ha hablado ya sobre el cablegate que ha destapado WikiLeaks durante los últimos días, pero no por ello es cuestión de callar y seguir con nuestra vida cotidiana como si tal cosa. Es verdad que, como se suele decir coloquialmente, con la que está cayendo a nivel mundial, es fácil caer en la tentación de pensar que tenemos problemas mucho más importantes que los documentos que puedan publicarse en Internet y en algunos periódicos en los que se explican unos cuantos chismes sobre lo que piensan o dejan de pensar la diplomacia estadounidense sobre el resto del mundo. Desde un punto de vista de cómo nos puede afectar de forma inmediata todo este escándalo como individuos o colectivo, a no ser que nos llamemos Julian Paul Assange o formemos parte del equipo de Wikileaks, poca afectación inmediata tendrá para nosotros todo esto, al menos de momento.

A todas luces, la campaña que se ha orquestado desde los Estados Unidos contra WikiLeaks va mucho más allá del hecho que hayan publicado información clasificada. Toda la operación que se ha puesto es marcha en las últimas semanas contra esta organización, y que bien podría haberse sacado de un libro de Tom Clancy, tiene como objetivo último retirar del escenario a Julian Assange, desprestigiar WikiLeaks a nivel internacional, servir como ejemplo del final que les espera a futuras organizaciones que se estén planteando realizar actividades de denuncia parecidas a las de WikiLeaks que además desde el pasado viernes ya son ilegales en Estados Unidos, y por supuesto tener el pretexto y la justificación necesaria para movilizar una campaña diplomática internacional con la finalidad de controlar Internet. Lo llevan buscando desde hace años y presionando a los gobiernos “amigos” para que aprueben leyes en este sentido. En nuestro país tenemos los ejemplos de la ley Sinde y los problemas que ha habido en el Senado para aprobar instar al gobierno español a que proteja por ley la neutralidad en la red. En Francia, ya se pueden cerrar webs y retirar la conexión a Internet de forma más que cuestionable y eso sin contar los países que aplican censura directa como pueden ser el caso de China, Cuba o Irak.

Si los atentados del 11 de Septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono de los Estados Unidos abrieron las puertas a los legisladores más conservadores para que pudieran aplicar políticas que claramente recortaban derechos de los ciudadanos a cambio de teóricamente garantizarnos mayor seguridad en nuestras vidas, este asunto del cablegate que ha mostrado al mundo la presión a la que somete Estados Unidos a sus aliados y como mueve hilos en su propio interés para que no se investiguen sucesos como los del asesinato del periodista José Couso, servirán para aprobar políticas represivas con las que controlar Internet a nivel mundial.

El problema para ellos y la ventaja para nosotros, es que la mayoría de políticos que gobiernan en estos países no entienden todavía como funciona Internet. WikiLeaks es un claro ejemplo de lo que pasa cuando uno o varios estados deciden atacar una organización que solo está en Internet. Han intentado que las web no esté accesible mediante ataques DDoS, han obligado a Amazon a que retire de sus servidores toda información relacionada con WikiLeaks y a PayPal a que bloquee sus cuentas, han bloqueado el dominio WikiLeaks.org para que ya no se pueda acceder a él y después de todo esto el resultado es que en estos momentos hay más de 180 sites en Internet exactamente con la mimas información que hace un par de días contenía WikiLeaks.org. ¿Qué es lo que ha conseguido la Administración Obama con todo esto? Lo primero que Times esté planteándose si Julian Assange será el próximo hombre del año, aunque tenga que celebrarlo desde la cárcel. Lo segundo que todo el mundo hable de WikiLeaks y que cada vez tenga más gente comprometida con su causa. Cada vez que consigan cerrar uno de estos servidores que tienen replicada toda la información de WikiLeaks se abrirán decenas de servidores nuevos con distintos dominios (aquí se explica como hacerlo), eso sin contar las infinitas combinaciones que podrían realizarse de futuros nombre de dominios que muestren lo que hoy es WikiLeaks.

Leyendo algunos de los cientos de artículos que corren por la web, alguien ha dicho que se ha declarado una guerra encubierta entre el stablishment político a nivel mundial y la resistencia por los derechos humanos en Internet. Lo que está claro es que no conseguirán callar a todos los que vemos Internet como un medio en el que podemos defender nuestros puntos de vista de forma abierta, pacífica y sin coacciones y un sitio en el que denunciar las actividades, cuanto menos inmorales, que llevan acabo algunos gobiernos de los llamados “países democráticos”.

Oscar Pin – Consultor TIC

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